EL SUEÑO DE SAN JOSÉ
Georges de la Tour. El sueño de San José. Entre 1628 y 1645. Óleo sobre lienzo. 93 x 81 cm. Museo de Bellas Artes de Nantes.
El evangelio de Mateo cuenta (Mt 1, 19-24) el sueño de José en que este es visitado por un ángel. El honrado patriarca acaba de desposarse con María y ha descubierto con sorpresa que ella está esperando un hijo. A pesar de todo, no quiere denunciar el adulterio; nos dice Mateo que "resolvió repudiarla en secreto". Es entonces cuando recibe, en sueños, la visita del ángel, que le insta a no recelar de María, "porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo".
Aquí lo vemos dormido, a la vez fuera y dentro del sueño, con la mano derecha apoyada en la mejilla y la izquierda sosteniendo un libro en el que probablemente ha estado buscando consejo sobre cómo actuar. Sus ojos están cerrados, pese a lo cual no nos cabe ninguna duda de que está, de forma misteriosa, en comunicación con el ángel. Este, un adolescente de sexo indefinido, recita, gesticula, explica. No hay ninguna majestad en su porte ni en su vestimenta: podría ser un niño cualquiera, un aldeano del siglo XVII dirigiéndose a su abuelo.
De la Tour es conocido por los violentos claroscuros de sus obras. Hay una fuente precisa de luz en el cuadro, la vela junto a la cual el santo ha estado leyendo hasta quedarse involuntariamente dormido. El ángel queda a contraluz, exceptuando su rostro, el dorso de una de sus manos y algunas telas de su vestido. No hay nada sobrenatural en la escena, que no puede ser más sencilla y, sin embargo, la magistral iluminación convierte la sencillez cotidiana en un misterioso acto de comunicación con lo divino. Se siente el roce de lo inefable, de lo que está más allá de la comprensión. Una luz que va directamente al corazón, sin necesidad de pasar por el entendimiento.

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