lunes, 3 de febrero de 2025

LAS FAMILIARES

 LAS FAMILIARES

En Biología se utiliza el término «comensalismo» para referirse al tipo de relación que la mosca doméstica mantiene con el ser humano. Ciertamente, la mosca viene, sin ser invitada, a comer en nuestra mesa, y se toma además unas libertades que difícilmente le permitiríamos a ningún comensal humano, invitado o no. 

La mosca no es un parásito, como su primo el mosquito, que se sacia con nuestra sangre: viene a nutrirse de nuestra basura, y tiene una querencia invencible por el dulce. Ya sabemos lo que les ocurrió ―nos lo contaba Samaniego y nos lo hacían aprender de niños― a las dos mil moscas que acudieron a un panal de rica miel... La mosca es pesada, insistente como una idea molesta que no podemos apartar de la mente: hay un cuento de Katherine Mansfield en que el protagonista ahoga cruelmente en tinta a una pobre mosca, y es como si ahogase un negro remordimiento. Su pertinaz zumbido puede resultar desesperante cuando alguien trata de concentrarse, especialmente si ese alguien padece de un trastorno obsesivo-compulsivo: me estaba acordando de aquel capítulo de 'Breaking Bad' en que se cuenta intromisión de una mosca en el laboratorio clandestino de Walter White y los esfuerzos de los protagonistas por acabar con ella. Cuando comprendemos la necesidad de acabar con la mosca que nos incordia, todo lo demás pasa a un segundo plano. El duelo es desigual: nosotros tenemos la fuerza, pero la mosca tiene de su parte la velocidad. Según parece, ella ve nuestros movimientos a cámara lenta y puede anticiparse a ellos. Les resultamos de lo más predecible: por eso es tan difícil y tan meritorio cogerlas al vuelo. 

A la mosca no solo le va la glucosa: también es muy aficionada a las heces. Ocurre que tiene un olfato muy desarrollado y se pirra por el escatol, que es la sustancia que da su característico olor a las heces, y que toma su nombre de la palabra griega para "excremento" (de ahí la palabra "escatológico"). Es una afición de las moscas que nos cuesta más comprender y disculpar, y por la cual las tachamos de poco limpias, a pesar de que se frotan continua y cuidadosamente las patas delanteras, en un gesto característico: como Pilatos, pero sin aguamanil. 

La guerra entre el ser humano y la mosca es eterna. La mosca, tan irrespetuosa, nos toquetea la comida, se nos sube encima, vuelve una y otra vez por más que tratemos de ahuyentarla, nos fastidia en los momentos más inoportunos. Por su parte, el ser humano ―sobre todo los especímenes más jóvenes y crueles, o sea, los niños― se deleita en torturarlas de formas diversas: arrancándoles las alas para forzarlas, a ellas, tan raudas, tan ágiles, a vivir pegadas al suelo, ya para siempre insectos de triste infantería; o chamuscándolas―qué olor tan desagradable―;  o condenándolas a ahogarse en un recipiente con agua.  Las moscas parecen diseñadas para que el niño haga con ellas sus primera prácticas de crueldad, sin nada de mala conciencia, o muy poquita.

Si decimos de alguien que no es capaz de matar a una mosca estamos declarando que es perfectamente inofensivo: matar una mosca se considera pecado insignificante. Será porque, por mucha mortandad que causemos entre sus filas, siempre encuentran suplentes que vienen a proseguir la tarea. Y tenemos, además, la tranquilidad de conciencia de saber que son ellas, tan pesadas, las que se lo han buscado. Aunque también es verdad que las moscas, tan efímeras, tan frágiles, mucho tienen que ver con nosotros, como nos recuerda en un famoso poema William Blake. También a nosotros el destino, con manotazo certero, puede hacernos desaparecer. 

Las moscas, además de por los excrementos, sienten una invencible querencia por la putrefacción. Captan su olor a gran distancia y acuden a refocilarse, irreverentes y necrófilas, con los cadáveres. Toda muerte es un festival para las moscas. Seguramente por eso la imaginación judeocristiana (o sea, la nuestra) se representa al Maligno, en una de sus advocaciones, como una mosca enorme y feísima: Belcebú, el Señor de las Moscas. 

(La imagen es del capítulo 'Mosca', de la serie Breaking Bad).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LAS FAMILIARES

  LAS FAMILIARES En Biología se utiliza el término «comensalismo» para referirse al tipo de relación que la mosca doméstica mantiene con el ...