lunes, 3 de febrero de 2025

 MUSCA DEPICTA


Autor desconocido. Retrato de una dama de la familia Hofer. Circa 1470. 53.7 x 40.8 cm. National Gallery, Londres.

No conservamos memoria de los nombres. Ni del artista, del que solo sabemos que era alemán, de Suabia; ni de la dama, de la que sí consta que formaba parte de la familia Hofer. A mí el nombre no me dice mucho, pero sería, me imagino, una familia poderosa en la Alemania de entonces, en la región de Suabia, en concreto.

Está de medio perfil, mirando hacia su izquierda, que es la derecha del cuadro. Brillan sus ojos con amor o, por lo menos, con alegría, y en su mano izquierda sostiene unos nomeolvides, una flor que puede aludir tanto a un compromiso matrimonial como al recuerdo de una persona fallecida... ¿Acaso esta joven, cuyo nombre hemos olvidado para siempre, fue retratada después de su muerte, para preservar su memoria? Podría ser.

Parece apuntar en esa misma dirección la mosca, posada, negro sobre blanco, en el aparatoso tocado de lino que luce la dama. Un punto de negrura en un mar inmaculadamente blanco. Recordar la condición mortal del ser humano ―memento mori― era en la pintura renacentista la principal razón para convocar a la mosca, asociada con la muerte y la corrupción. También, claro, puede obedecer a un prurito de exactitud, de realismo; puede ser una exhortación para que atendamos incluso a lo más insignificante; o, sencillamente, un medio por el cual el artista alardea de su habilidad para las miniaturas...

Podría ser, junto con la flor del nomeolvides, una discreta manera de aludir a que la persona retratada ya ha fallecido. A que la alegría de sus ojos, la belleza de su rostro, la elegancia de su tocado ya no estaban en este mundo cuando el pintor los representó. Porque la mosca, negro heraldo de la muerte, la había citado tal vez, a despecho de su juventud, su belleza y su alegría. Una semilla de oscuridad (como la mota negra, el aviso de muerte inminente que unos piratas se enviaban a otros en La isla del tesoro de Stevenson) basta para desbaratarlo todo, para arruinarlo todo. Una mosca que es una advertencia, un fúnebre preludio.

No conservamos memoria de los nombres: ni del artista, ni de la dama, ni de la mosca. Aunque la mosca, en realidad, no tiene nombre ni maldita falta que le hace: en una mosca están todas las moscas, del mismo modo que en una muerte están, también, todas las muertes.



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